quinta-feira, 17 de setembro de 2009

Algo mais sobre a igreja em Ruanda

"...El tropismo de los cristianos para los exterminios en masa es antiguo y aún continúa. Así, no hace mucho, el genocidio de tutsis en manos de los hutus de Ruanda, sostenido, defendido y apañado por la institución católica en el lugar, y por el mismo soberano pontífice,mucho más expeditivo en manifestarse a favor de los criminales de guerra genocidas, curas, religiosos o personas involucradas con la comunidad católica para que escaparan a los pelotones de fusilamiento, que en expresar una sola palabra de compasión hacia la comunidad tutsi. Porque en Ruanda, país mayoritariamente cristiano, la Iglesia ya había practicado antes del genocidio la discriminación racial con respecto al ingreso en el seminario, la formación, la dirección de las escuelas católica y la ordenación o los ascensos en la jerarquía eclesiástica. Durante el genocidio, algunos miembros del clero participaron activamente, por medio de la compra y despacho de machetes por miembros de la institución católica, localización de las víctimas y participación activa en actos de barbarie -encierro forzado en una iglesia, a la que incendiaron y luego arrasaron con bulldozers para borrar las huellas-, denuncias, movilizaciones durante las prédicas, arengas raciales... Después de las masacres, la Iglesia católica persistió en su política:uso de conventos para ocultar de la justicia a algunos culpables, activación de redes para facilitar la salida hacia países europeos a varios criminales, suministro de pasajes de avión a Europa gracias a la asociación humanitaria cristiana -Caritas Internacional, caridad bien entendida, etc.-, reubicación de sacerdotes culpables en los curatos de provincias belgas o francesas, encubrimiento de obispos implicados, recurso a posiciones negacionistas: se negaron a utilizar el término «genocida» y optaron por hablar de «guerra fratricida», etcétera. Silencioso durante los preparativos, silencioso durante las masacres - cerca de un millón de muertos en tres meses (entre abril y junio de 1994)...-, silencioso después del descubrimiento de la magnitud del desastre -llevado a cabo con la bendición de François Mitterrand-, Juan Pablo II salió de su mutismo para escribirle una carta al presidente de la república de Ruanda el 23 de abril de 1998. ¿Su contenido? ¿Lamenta los hechos? ¿Se compadece? ¿Lo siente? ¿Culpa a su clero? ¿Se desolidariza? No, en absoluto: pide que no se aplique la pena de muerte a los genocidas hutus. No hubo ni una sola mención de las víctimas."

Trecho do livro : Tratado de ateologia (Michel Onfray)

2 comentários:

Edu disse...
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Edu disse...

As pessoas tem que acordar logo para a real: É IMPOSSÍVEL A COEXISTÊNCIA PACÍFICA ENTRE A ICAR E A DEMOCRACIA, OS INTERESSES DA ICAR SEMPRE FORAM OS PIORES E MAIS PODRES POSSÍVEIS, TOLO DE QUEM ACREDITA QUE ESSA ORGANIZAÇÃO UM DIA VAI SE EMENDAR.